Josué

Usys invisibles de veras joroschós

Diez años pasan demasiado scorro. A estas alturas no esperaba tener los carmanos como los tengo hoy, casi totalmente vacíos; pero, aunque duela aceptarlo, esa es la realidad.

Hoy todo parece ser un snito del cual apenas acabo de despertar. ¡Eso es! Tal vez todo fue un snito y nada más.

Pero aunque mis slovos puedan sonar a queja, no son quejas lo que hoy me trae aquí, sino todo lo contrario. Estoy acá para hacerle un homenaje a aquellos maravillosos años cuando apenas era un málchico, esperando sacarle el máximo provecho a esta chisna, regalo de Bogo.

¿Y ahora qué pasa, eh?

Transcurrió exactamente una década desde la primera vez que puse mis glasos en la débochca más joroschó que jamás había smotado en mi chisna entera, y contando. Bogo no me dejará mentir. Ella era el tipo de china por la cual todo cheloveco dratsaría hasta dar la última gota de kroovy. Bogo no me dejará mentir.

Brunette ella, como dirían en otros páramos de este vasto mundo. Los glasos oscuros, profundos. La piel como el moloco recién servido en un vaso de cristal transparente. Los gubas de un rojo intenso. Era difícil no derretirse ante la sola vista de esa rota que emanaba el dorogo sacarro. En fin, una débochca realmente fons.

Sí, ahora que hago memoria, oh hermanos míos, fue en la scolivola donde la conocí. Debo confesar que atravesaba un tiempo de rasdrás. Grrrrr grrrrr hacía la mayor parte del tiempo como un total besuño, y todo debido a la insidia de un drugo mío… pero esa es otra rascaso. Sí, creo recordar que fue en uno de esos días en que se celebraba la inauguración de un evento de la scolivola, referido a la gimnasia y esas vesches.

Durante esta festividad, de la cual os hablo, oh hermanos míos, en algún momento, por alguna extraña razón, alabado sea Bogo, mis glasos y los de esta bella ptitsa se encontraron mágicamente en una mirada de veras joroschó, o al menos eso recuerdo yo; y a partir de ese momento nada fue igual. Había caído. Vuestro Humilde Narrador se había convertido en un plenio más de esta débochca.

¿Y ahora qué pasa, eh?

La situación era confusa. No se lo había contado a nadie, excepto a mi más querido drugo (en ese tiempo), y también el de mayor confianza. Sea dormido o sea despierto, día y naito, todo el tiempo snitaba con el elegante gular de esta ptitsa, oh hermanos míos, pero no me atrevía a decírselo. Tenía puglio de exponerme de tal forma; además, yo sabía que ella tenía el poder de rasrecear mi vida con unos cuantos slovos salidos de esa fons rota, oh hermanos míos.

Días, semanas, meses pasaron y todo me supo sladquino durante aquel año. Usys invisibles me ataban a la talla de esta débochca. Muchas veces traté de entablar gobora con ella, y expresarle con golosa cortés y de caballero todas las sensaciones que había comenzado a percibir dentro de mí. Pero mis intentos eran infructuosos. El tiempo se escurría como agua entre mis rucas, y no había nada que yo pudiera hacer para evitarlo.

¿Y ahora qué pasa, eh?

Días, semanas, meses pasaron, y como ya se imaginarán llegó el momento del natural y brutal distanciamiento. Fue menos doloroso de lo que había imaginado, pero igual de triste.

¿Y ahora qué pasa, eh?

Días, semanas, meses pasaron, y ya nada me era sladquino como durante aquel año, pues la débochca de mis snitos ya no estaba más aquí. Como ya se imaginarán ustedes, oh hermanos míos, era natural que otros chovelos chelovecos se interesaran en esta ptitsa, y créanme cuando les digo que no les culpo.

Ahora ya no quiero ahondar más en la historia a partir de este punto, aunque tenía toda la intención de hacerlo.

Ahora sólo sé que fui un glupo. Bogo me perdone.

Ahora únicamente diré que jamás olvidaré, mientras dure mi chisna, aquellos bolosos tuyos flotando en el viento, cuando al girar la golová buscabas mis glasos instintivamente, solo para sonreír al saber que yo había vuelto, luego de una ausencia de odin o dva días. Fue un regaló que guardo celosamente.

¿Y ahora qué pasa, eh?

Diez años son más que suficiente para recordar. Su imagen fue, y será, siempre verdadera, y sé que perdurará por siempre, protegiendo en todo momento mis spachcas.

Débochca entre débochcas, y entre todas tú eres de veras joroschó. Adiós.

Extrañamente ahora me siento un malenco mejor.

Es un texto bastante besuño, si me permite decirlo, hermano, señor.

¿Y ahora qué pasa, eh?

[P.D.: Curiosamente todas las warbles que se escucharon durante todo el tiempo que escribí estos slovos y demás vesches, pertenecen a aquel tiempo del cuál he hablado ya por demás. Nada ha cambiado.]

 

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